jueves, 26 de mayo de 2016

José Dolores Gámez por Juan Manuel Mendoza 1901

José Dolores Gámez[1]
 por Juan Manuel Mendoza

El nombre de este ilustre personaje ha pasado con gloria las fronteras de Nicaragua.
Como político ha recorrido una inmensa trayectoria que lo acredita bastante para ocupar puesto prominente entre los más aventajados talentos que tenemos en la tierra de los lagos.

Gámez ha sido tan caliente en el terreno de las ideas como resuelto y decidido en los campos de batalla, cuando las circunstancias le han obligado a dejar la pluma de periodista para empuñar el rifle del soldado.

En el año de año de 1898 en la ciudad de Rivas dio buenas pruebas de que puede alternar, sin desventaja con los más celosos guardianes de la integridad nacional en el momento critico de los hechos.

José Dolores Gámez está caracterizado sobre todo, por su actividad asombrosa.  Cuando se dispone á llevar a cabo algún proyecto, se desvela pensando en la manera más apropiada para darle fin, en un sentido favorable á su pensamiento y á sus deseos. 

En la política es incansable.  Liberal de escuela radical, no cesa de predicar el sublime evangelio de la verdad encarnada en las doctrinas de la razón pura.

Es de los liberales que han pasado por todas las pruebas que se necesitan hoy día para ser inscrito en el escalafón de los hombres que representan el cerebro, el centro de acción de las doctrinas modernas.  Desde los primeros años de su juventud ha dado muestra elocuentes de su apego á las libertades, con sus simpatía hacia los grandes hombres y con su insistencia porque dejen de ser letra muerta los principios de la inviolabilidad personal.

Él estudiaba Leyes en la Universidad de León, cuando entró á la ciudad, en calidad de prisionero, el General Gerardo Barrios.  Gámez, que ya sentía germinar en su corazón las nociones de republicanismo que tanto lo han elevado durante su vida pública, se reunió con sus colegas, y, habiendo disertado unos y otros con oportunidad acerca del suceso que absorbió por varios días la atención del pueblo nicaragüense, lograron que se firmara-empezando por ellos-una ruidosa protesta increpando los desacatos á la ley, inferidos por el Gobierno de Martínez, quien se inspiraba en las pasiones bastardas del Ministro de Guatemala residente en Nicaragua y se dejaba dirigir estúpidamente por los odios mal comprimidos de los conservadores.

La actitud levantada de los jóvenes que entonces se educaban en la Universidad, habla muy alto en pro de los hombres que se han amparado bajo las banderas del liberalismo nicaragüense.  

Como periodista y como orador, Gámez ha cosechado numerosos aplausos y merecidas alabanzas.  De su pluma han salido artículos que han ido á herir de muerte el corazón de ese monstruo de cien cabezas que se llama partido conservador: y con sus vigorosas palabras, con sus juiciosas arengas, con sus increpaciones enérgicas, ha metido en cintura á los réprobos y hecho temblara á la canalla.

Ha dado esplendor á las bellas letras con más de seis volúmenes sobre asuntos de política y de historia.  Historiador es más que otra cosa, pero historiador de esos que no se cuentan por docenas en toda la cordillera descubierta por Colón.  Y no se piense que hablamos á humo de pajas: ahí están su HISTORIA DE NICARAGUA, sus COMPEDIOS, su ARCHIVO HISTóRICO y su última obra acerca de Gerardo Barrios, que, sin duda alguna, es ésta la primera en su clase que hasta hoy conocemos. 

Los malos vientos que le corrieron durante el imperio de la política conservadora, lo hicieron dirigirse á la República de Guatemala en busca de tranquilidad.  La circunstancia de su emigración, lejos de haber sido infructuosa para  la causa de la  Democracia-como imaginaron los del otro bando-fué, por el contrario, abundante en todo género de provechos.  No sólo esgrimió con acaloramiento y entusiasmo sus armas de combate en el periodismo y en la tribuna, sino que también formalizó la lucha de día en día, recopilando datos, aglomerando noticias y dándolas á luz comentadas en gruesos volúmenes.  Esta fué la ofrenda que nos llevó Gámez á Nicaragua, después de su larga emigración por las playas hospitalarias de “Guatemala.

De lo expuesto se colige que Gámez ha llevado siempre una vida de  bastante agitación, de mucho movimiento, de constante labor por el bien del liberalismo. 

En diversas épocas ha tomado bajo su dirección las carteras de Relaciones Exteriores, de Gobernación y de la Guerra, puesto que ha servido- muy á pesar del odio de sus enemigos-con notable pericia y acierto.

La Asamblea Nacional ha querido últimamente hacer patente el reconocimiento de los méritos de Gámez, discerniéndole la alta honra de Primer Designado á la Presidencia de la República. 

Desde el memorable 11 de Julio de 1893, en que el General J. Santos Zelaya entró en Managua al son de los himnos arrobadores del triunfo obtenido sobre el reaccionarismo, José Dolores Gámez no se ha separado del Jefe valeroso que hoy se encarga, con empeño patriótico, de extender los límites de la civilización hasta en las más apartadas regiones de territorio nicaragüense. 

Amigo leal del General Zelaya, Gámez ha cumplido con su deber, ayudando, con el caudal de sus conocimientos y habilidades administrativas, á regular ése movimiento regulador de innovaciones y progresos que opera incesantemente á despecho de sus enemigos.

Diciembre 1901



[1] Tomado del libro “Semblanzas y Artículos” de  Juan M. Mendoza, Guatemala 1902.

miércoles, 25 de mayo de 2016

José Dolores Gámez (1851-1918) Por Jorge Eduardo Arellano

José Dolores Gámez (1851-1918)
Por Jorge Eduardo Arellano

La Revista de Temas Nicaraguenses en la página 21 tiene la siguiente nota:
Transcripción de las páginas 122-123 del Diccionario de Autores Nicaragüenses, tomo I (A-L), Managua: Convenio Biblioteca Real de Suecia / Biblioteca Nacional Rubén Darío, julio 1994. Con autorización del Dr. Jorge Eduardo Arellano.

Biografía
Historiador, periodista y hombre público, nació en Granada el 12 de Julio de 1851. Pasó su infancia en medio de la guerra civil y la invasión filibustera de William Walker, a quien recordaría en sus memorias. Hizo sus estudios en la ciudad de su nacimiento, donde se bachillera a los quince años y decide estudiar leyes. Lleva tres cursos aprobados cuando en 1869 su padre se rapta a una dama y huye con ella a El Salvador[1], por lo que tiene que velar por su madre y cuatro hermanos. Trabaja como dependiente en una tienda, luego se dedica a la tipografía y, por último, a la telegrafía. Durante los primeros años setenta, viaja a Honduras, El Salvador y Guatemala; en esos países recoge datos que utilizaría posteriormente en sus trabajos históricos. En 1874 regresa y se establece en Rivas: allí se casa y enseña bajo la tutela de Máximo Jerez; además, se incorpora como diputado al Congreso Nacional en el período presidencial de Joaquín Zavala: el 7 de Marzo de 1879 presenta con Enrique Guzmán un proyecto para abolir la pena de palos. Un año tenía de haber fundado en Rivas El Termómetro, periódico en el cual Rubén Darío publicó su primer poema ("Una lágrima"). En 1878 también edita su primer esfuerzo literario; Amor y constancia, novela de costumbre que al año pensaba ampliar. Y en 1881 dirige, siempre en Rivas, El Álbum, segunda revista literaria del país.
 "Gámez es ya una fuerza en el periodismo nacional—escribe Juan Felipe Toruño—, y son apreciados sus estudios acerca de historia, economía, política y literatura". Pero conspira contra el Presidente Adán Cárdenas y es confinado a la Reserva Mosquita el 9 de Septiembre de 1884. Sin embargo, pronto se encuentra en Guatemala y en Enero de 1885 viaja a Costa Rica —no sin que hayan intentado sacarlo del vapor a su paso por San Juan del Sur— para predisponer al gobierno de esa república contra el de Nicaragua. Vuelto a Guatemala, se incorpora —con sus compatriotas J. Santos Zelaya y Rigoberto Cabezas— a las fuerzas armadas del General Rufino Barrios que pretende realizar la unión centroamericana a la fuerza y combate en Chalchuapa, batalla en la que muere Barrios el 2 de Abril de 1885. Gámez vuelve a Nicaragua el 14 de Julio de 1888 con mayores ímpetus: en cuatro meses prepara un texto que participa en el concurso abierto por el gobierno de Evaristo Carazo para premiar la mejor obra histórica. Y lo gana con su Historia de Nicaragua, de la que se hace un tiraje de cinco mil ejemplares. Ese mismo año contrata con el gobierno de Roberto Sacasa la formación de un "Archivo Histórico de Nicaragua" pidiendo la colaboración de sus coetáneos (entre los cuales Anselmo H. Rivas le ofrece su contingente) y resuelve en Boaco —enviado especialmente por Sacasa un conflicto político local. De 1889 data, asimismo, su célebre polémica con Enrique Guzmán sobre Rafael Carrera y Justo Rufino Barrios, en la que sale victorioso.
Consejero de Sacasa, Gámez ataca a éste en 1893, año de la revolución liberal que lleva al poder a J. Santos Zelaya, obra de su esfuerzo según frase suya, pues —agrega— le abrió brecha en las filas liberales y lo empujó al caudillaje, lo proclamó audazmente y lo hizo aparecer en León Presidente de la Junta de Gobierno. Por eso ocupa, en distintas épocas, los ministerios de Guerra, Fomento, Gobernación, Relaciones Exteriores e Instrucción Pública del régimen de Zelaya. En 1894 asiste como delegado de Nicaragua para tomar parte en la controversia de límites con Honduras. En 1898 promueve la reunión de delegados para la firma del pacto unionista de Amapala, Honduras. En 1905 viaja a Europa y visita España y, en Sevilla, el Archivo de Indias. El 18 de Mayo de 1908 renuncia a su último cargo oficial separándose de Zelaya. Con la revolución libero conservadora de 1909, Gámez figura entre los cabecillas; con todo, al triunfar aquélla, tiene que irse fuera del país —y elige El Salvador— para aludir represalias personales. De regreso en 1913, se radica en Rivas viviendo dedicado a la producción histórica y literaria; durante esos años, elabora sus memorias, otras Memorias del destierro y un Diccionario biográfico de la república de Nicaragua. Y fallece en esa ciudad el 8 de Julio de 1918.
Valoración
Creador de la historiografía moderna de Nicaragua, José D. Gámez fue un notable polemista; como hombre de acción e ideólogo al servicio de la doctrina y el gobierno liberales, aportó más que ninguno de sus contemporáneos. Más aún: alcanzó un nivel centroamericano indiscutible y su obra aún merece mayores estudios y valoraciones.
Bibliografía Activa
Apuntamientos para la biografía de Máximo Jerez. Managua, Tipografía Nacional, 1869. Escandaloso atentado de la oligarquía en Nicaragua. Quezaltenango, Tip. de la Industria, 1886. Historia de Nicaragua. Managua, Tipografía de "El País", 1889.
Catecismo de Historia Patria. Managua, 1889. Los hombres de ayer. (Galería Centro Americana). Granada, Tipografía de El Centro-Americano, 1891. (Sobre José Antonio Liendo y Goigoechea) Rasgos descriptivos de la República de Nicaragua. Escritos por el Ministerio de Fomento de la misma para guía de los inmigrantes extranjeros. Managua, Tipografía Nacional, 1894. Archivo Histórico de la República de Nicaragua. Tomo I. Comprende desde 1824 hasta 1826. Managua, Tipografía Nacional, 1896. Promesa cumplida. Managua, Tipografía Nacional, 1899; reproducida en R.A.G.H.N., Tomos XVI y XVII, Núms. I-IV, Enero, 1957 a Diciembre, 1958, pp. 1-49. Catecismo de historia de Centro-América. Managua, Tipografía Nacional, 1900. Gerardo Barrios ante la posteridad. Managua, 1901. Rafael Carrera y Justo Rufino Barrios ante la historia. Managua, Tipografía Nacional, 1907 (Guzmán, Enrique, Col). Viajes marítimos o sea nociones elementales acerca de los viajes marítimos por medio de los cuales se han hecho descubrimientos geográficos. Managua, Tipografía y Encuadernación Nacional, 1909. Reminiscencias históricas de la tierra centro americana. San Salvador, Imprenta Diario de El Salvador, 1913. Episodios nacionales. La toma del Castillo. Managua (s.i. y s.a.). [i]
La intervención en Nicaragua. Managua, Tipografía Salvatierra, 1916. ¿Quién era Walker? Managua (s.i.) 1917. Reminiscencias históricas de la tierra centro americana. Vol II. Managua (s.i.) 1918. Historia de la Costa de los Mosquitos (hasta 1894). Managua. Talleres Nacionales, 1939. Gral. José Santos Zelaya, 1854-1919. Managua, Editorial Atlántida, 1941. Historia de Nicaragua (2a ed.) Madrid, Escuela Profesional de Artes Gráficas, 1954. Gerardo Barrios ante la posteridad... San Salvador, Dirección General de Publicaciones, 1965. ¿Quién era Walker? Managua, Revista Encuentro, 1972. Historia de Nicaragua (3a 23 ed.) Managua, Colección Cultural Banco de América, 1975 e Historia moderna de Nicaragua. Complemento a mi Historia de Nicaragua. Managua, Colección Cultural Banco de América, 1975. Reminiscencias históricas de la tierra centroamericana (2a ed.), en Revista del Pensamiento Centroamericano, Núm. 153, Octubre-Diciembre, 1976, pp. 73-140 y "La muerte del presidente Carazo" en Ídem, Núm. 148, Julio/Septiembre, 1975, pp. 113-116.
Bibliografía Pasiva
Alfonso Ayón: Informe sobre el Catecismo de Historia de Centroamérica escrita por Don José D. Gámez. León, Tipografía de J.C. Guardián (1901). Juan Manuel Mendoza: "José Dolores Gámez", en Semblanzas y artículos Guatemala, Tipografía Nacional, 1902, pp. 153-158. Rubén Darío: El viaje a Nicaragua. Madrid, Imprenta de Bernardo Rodríguez, 1909 (cap. V) y Carta a Menéndez Pelayo (4 de Octubre de 1905), en Centro, Managua, Núm. III, Abril-Mayo, 1939, pp. 28-30. Mariano Barreto: "José Dolores Gámez y su ejemplo", en El Eco Nacional, 4 de Enero, 1912 y "Don José Dolores Gámez", en Política, religión y arte. León, 1921, pp. 43-44. Hildebrando H. Castellón: Historia patria elemental para las escuelas primarias de Nicaragua. Managua, 1940, pp. 89-90. Ramón A. Romero: "Biografía de José Dolores Gámez, en Azul, Managua, Núm. 12, Julio, 1951, pp. 7-8 y 20-22. Carlos Molina Argüello: Misiones Nicaragüenses en Archivos Europeos. México, Instituto Hispanoamericano de Geografía e Historia, 1957, pp. 11-23. Juan Felipe Toruño: "GAMEZ, José Dolores", en Diccionario de la literatura latinoamericana. América Central. Segundo Tomo. Honduras, Nicaragua y Panamá. Washington, D.C., Unión Panamericana, 1963, pp. 210-212. José Coronel Urtecho: "Libros y documentos para la historia de Nicaragua", en Reflexiones sobre la historia de Nicaragua... II B: Explicaciones y Revisiones (Un apéndice al tomo II), León, Editorial Hospicio, 1967, pp. 55-58, 62 y 73; y La Familia Zavala y la Política del Comercio en Centroamérica, en Revista del Pensamiento Centroamericano, Número Especial 141-142, Junio y Julio, 1972, p. 129. Jorge Eduardo Arellano: "Gámez y su Historia Moderna", en La Prensa, 13 de Abril, 1975 y Máximo Navas Zepeda: "José Dolores Gámez" y "José Dolores Gámez y la historia", en Los cancilleres de Nicaragua. Influencias y reminiscencias. 1838-1936. Managua, Pinsa, 1976, pp. 123- 137.
Reconocimientos
1. "El señor D. José Dolores Gámez, es una de nuestras más altas glorias centro-americanas, y en Nicaragua, nuestro país natal, como hombre público, como historiador y como literato, es tenido de la mayor consideración" (Rubén Darío: Carta a Marcelino Menéndez Pelayo, cit.). 2. "La obra de Gámez (Historia de Nicaragua) fue al parecer un nuevo resultado del mismo impulso que produjo la historia de Ayón. Mucho más breve que ésta, pero mejor organizada y por lo tanto más compacta, la historia de Gámez es todavía un libro indispensable que hasta aquí no ha tenido ningún sustituto de la misma categoría... es la primera visión de conjunto de la historia de Nicaragua. Aunque no alcanza más acá de la Guerra Nacional y pocas veces logra superar los prejuicios de partido del propio Gámez o sus limitaciones ideológicas, aún no se ha escrito nada más inteligente como presentación global de nuestra historia. Además de ser hombre de excepcional inteligencia, Gámez era no cabe duda historiador de vocación. Es una lástima que la política le haya impedido dedicarse plenamente a la historia. De todos modos su obra capital ha servido hasta hoy como pauta o modelo de todos los manuales usados desde entonces como textos escolares de historia patria, empezando, está claro, por los del propio Gámez y su hija María. De aquí viene, por consiguiente, lo poco que hay de conciencia histórica en el pueblo nicaragüense" (José Coronel Urtecho: La Familia Zavala y la Política del Comercio Centroamérica, Op. cit., p. 12).
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[1] No sé de donde saca esto  de Máximo Navas en Cancilleres de Nicaragua, edición Pinasa 1975JEA, solamente los que toman en cuenta este escrito en los suyos propios han sacado esto.  En mi familia tanto mi tío Hildebrando A. Castellón, como mi tía Leonor y mi padre no conocían esta historia.



[i] No se incluyen:   1)  El Compendio de Historia de Centro América  Tomo I publicado  1907, 2) Compendio de Historia de Centro América publicado en 2003 por el Ministerio de Relaciones Exteriores, 3) Amor y Constancia,   Novela publicada en el periódico El Termómetro 12 primeros  ejemplares de 1878), 4 Amor y constancia.  Managua: Biblioteca Nacional "Rubén Darío", 1997.Él también come maíz como nosotros, 1916, 5) Él también come maíz como nosotros. Revista de bibliografía y Documentación del Banco Central de Nicaragua, 2015, 6) Mis Memorias, varios números del periódico el Combate, el último de ellos el 16 de julio de 1933.       

martes, 24 de mayo de 2016

FRANCISCO MORAZÁN POR JOSÉ DOLORES GÁMEZ

F R A N C I S C O  M O R A Z Á  N[1]


                               Por José Dolores Gámez

    El General don Francisco Morazán ha sido el hombre más culminante de la América Central y el único que ha merecido de la posteridad el sobrenombre de "Padre de la Patria Centro Americana".

   Fue el segundo y último Presidente Constitucional de la República Federal de Centro América.  Surgió de las tempestades revolucionarias, en momentos que estas ponían en peligro a la naciente República y cuando solamente el genio de un hombre extraordinario y el brazo de un héroe, podían servir de dique a las pasiones desbordadas.  Morazán acometió esa obra levantándose a mucha altura, manteniendo desplegado al viento el pabellón de Centro América; pero en aquella lucha desigual el titán tuvo que sucumbir, cayendo con él la obra patriótica de 1821, aquella República Federal, Patria Gloriosa de nuestros mayores, que en vano hemos procurado reconstruir.

   Nació el General Francisco Morazán el 3 de octubre de 1792.  Recibió una escasa educación y, fue por sí solo que se proporcionó los diversos conocimientos que demostró más tarde en su carrera política. 

   Su vida pública principió en Honduras como Secretario General del Gobierno que presidía Dionisio Herrera, a quien ayudó eficazmente como militar en la guerra que puso término a aquella administración.

   La República Federal de Centro América carecía de poder suficiente para mantener la obediencia a los cinco Estados que la componían, los cuales abusando de la independencia que les otorgaba la defectuosa Constitución se mantenían en constantes guerras intestinas.  Morazán logró con el auxilio de algunos patriotas de Nicaragua y Honduras reconquistar el imperio de la Ley, yendo de victoria en victoria hasta las puertas de Guatemala, a la que obligó a capitular el 13 de Abril de 1829. [2]

   El vencedor, respetuoso siempre a la ley, hizo reunir inmediatamente el disuelto y perseguido Congreso nacional y este encargó del Poder Ejecutivo al Senador Don José Francisco Barrundia.  Morazán fue enviado en seguida, como Comisionado del Gobierno a pacificar los pueblos de Olancho.

  Practicada poco tiempo después las elecciones de autoridades supremas, mereció el voto general y espontáneo de los centroamericanos para Presidente de la República, de cuyo puesto tomó posesión el 16 de septiembre de 1830.

  El nuevo gobernante se encontraba dedicado a la creación de la Hacienda Pública y a obras de mejoras, cuando la guerra civil vino nuevamente a obligarlo a empuñar la espada para sostener una lucha heroica.  Después de sofocar a la reacción monárquica en Omoa, a la clerical en Trujillo y a la conservadora en la frontera de México, tuvo todavía Morazán que organizar el Estado de El Salvador cuyas autoridades se habían pronunciado contra el Gobierno Federal.  Cansado de tanta lucha y ansioso de reposo resignó el mando en el Senador Salazar y se dirigió como simple particular a Honduras, en donde tenía su hogar.

   Su período administrativo terminó en septiembre de 1834; pero muerto el electo de los pueblos Licenciado José del Valle antes del escrutinio de la elección el Congreso declaró electo por segunda vez a Morazán, que después de Valle fue el que obtuvo más votos.  Tuvo pues, que hacerse cargo de la Presidencia el 1o. de marzo de 1835, para su segundo período el más borrascoso de la historia centroamericana.  En medio de tantas luchas y dificultades con los Estados rebelados contra la Federación, Morazán trató con empeño de la excavación del Canal Interoceánico por Nicaragua.  En aquella lucha titánica de uno contra cuatro Morazán cosecho laureles militares como siempre; pero rendido y acosado vio llegar la expiración de su segundo período, sin que hubiera un sucesor, porque los Estados que habían proclamado la soberanía se negaron a elegir.  Morazán depositó entonces en el Vice Presidente Vigil, que personalizó el simulacro de Gobierno Federal existente en San Salvador.  Ni este simulacro quisieron permitir los Estados y declararon la guerra a El Salvador porque lo toleraba.

   Morazán fue encargado de la defensa de El Salvador y en el Espíritu Santo, San Pedro Perulapán y otros campos rechazó gloriosamente con insignificante número de tropas la agresión pujante de los ejércitos aliados.  El Salvador lo eligió entonces Jefe del Estado y la guerra continuó con encarnizamiento.

   Morazán llevó sus armas victoriosas hasta Guatemala cuyo plaza ocupó el 14 de marzo de 1840; pero contrariado por Carrera tuvo que abandonarla el día siguiente y retirarse a El Salvador con grandes pérdidas.  Viendo entonces que toda Centro América conspiraba unida contra el suelo hospitalario de El Salvador, resolvió expatriarse voluntariamente para salvarlo de una lucha desventajosa.

   El 5 de abril de 1840, seguido de varios amigos y compañeros que quisieron comer a su lado el pan de la proscripción, Morazán se hizo a la vela para las repúblicas Sudamericanas.  Por de pronto se fijó en David, República de Colombia,[3] de donde dirigió a los centroamericanos su célebre manifiesto de 16 de julio de 1841 y escribió también parte de sus "Memorias" que no pudo nunca terminar.  Poco después se dirigió al Perú, en donde contrajo íntima amistad con el Mariscal Gamarra Presidente de aquella República y uno de los próceres de la independencia de Sud-América.  Gamarra ofreció a Morazán un ministerio primero y después el mando de cinco mil hombres que marchaban al encuentro de los chilenos; pero no quiso aceptar ni una ni otra cosa, porque pensaba solamente en Centro América y en la manera de reorganizarla.

   En esos días llegó a sus manos un manifiesto del Director del Estado de Nicaragua en que se hacía un llamamiento al patriotismo de los centroamericanos para rechazar las agresiones del Gobierno inglés en la Costa del Norte.  Morazán impresionado  con aquella lectura, obro con actividad, instó, se apercibió de recursos y finalmente con la cooperación de los Generales Bermúdez, Echemique y otros peruanos de influencia, pudo proveerse de elementos de guerra y fletar el bergantín goleta "Cruzador", haciendo rumbo para Centro América.  De paso tocó en Guayaquil, en donde Morazán se relacionó con el General Glores y con el célebre poeta Olmedo.

   La expedición se engrosó más tarde en aguas centroamericanas con los buques "Asunción", "Granadina", "Josefa", "Isabel II" y "Cosmopolita".  Sorprendió el puerto de la Unión con sólo 25 hombres que le acompañaban y se internó sin resistencia hasta la ciudad de San Miguel en donde la gente afluía entusiasta a engrosar sus filas.  Se reembarcó y de la Isla de Martín Pérez en el Golfo de Fonseca salió con su famosa expedición para Costa Rica de donde le llamaban los enemigos del Jefe Carrillo. 

   El 11 de abril fondeó en Puerto Caldera y se adelantó precipitadamente con una columna de 300 hombre sobre San José, pero en el punto llamado Jocote le salió al encuentro el General Villlaseñor.  Las divisiones fraternizaron y los jefes hicieron un tratado en virtud del cual Morazán quedó reconocido como Jefe Provisional de aquel Estado.  Reunida la Asamblea Constituyente de Costa Rica declaró que volvía al régimen federal y autorizo a Morazán a usar todos los recursos del país para la reorganización de Centro América.

   Morazán levantó su ejército que puso a las órdenes del General Sayet.  Embarcándose estaba éste en Punta Arenas cuando las poblaciones de Alajuela, Heredia y San José se insurreccionaron y pusieron sitio a Morazán en San José.  Morazán con unos pocos soldados resistió 88 horas consecutivas el ataque constante de cinco mil hombres.  Cubierto de heridas y lleno de fatiga, rompió la línea enemiga con dirección a Matina; pero al pasar por Cartago se confió de un amigo, en cuya casa fue a curarse, y éste lo traicionó y entregó.  Llevado a San José fue fusilado en unión del General Villaseñor , en la tarde del 15 de septiembre de 1842.

   La figura de Morazán se destaca luminosa y radiante del cuadro obscuro de nuestras primeras luchas.  Sin educación, sin experiencia en la vida republicana, sin los prestigios de la cuna y del dinero que tanto valían entonces, Morazán se presenta en los campos de batalla y vence a los primeros militares de su tiempo y con su estrategia, su valor y sus grandes talentos en la difícil arte de la guerra, se convierte en el genio favorito de la victoria; llega después a la mayor altura de los puestos públicos y entonces no se sabe que admirar más, si al estadista insigne, al orador de arrebatadora palabra o al escritor profundo y castizo.

   El personaliza la causa santa de la Patria y desde el día de su muerte el fraccionamiento político no tuvo interrupción en su obra de empequeñecernos.







[1] Ha sido publicado en un periódico en Honduras hace como unos diez años, que se le entregué una copia a un periodista poeta  de esa nacionalidad, Roberto Quesada,  que era mi colega en la Misión de Honduras ante la ONU.  En Nicaragua lo he entregado a miembros de la Directiva de la AGHN y a otros interesados en historia e incluso enviado a periódicos, pero no tengo noticias de que se haya publicado en este país. Tenía el original manuscrito por el autor, de donde lo copié pero este con el tiempo se destruyó, una lástima ya que contenía además otras biografías de otros personajes de la historia de Nicaragua, resto de Centroamérica  y México, como la del Emperador Agustín Iturbide. El manuscrito no tenía fecha, pero debe de haber sido elaborado por el autor antes de 1903, ya que aparece el Puerto de David como parte de Colombia, y de haber sido posterior a esta fecha hubiera aclarado que en la actualidad era parte de la República de Panamá.
    [2]  En el manuscrito original aparece la fecha de 20 de Septiembre de 1828, que corresponde a la fecha de la capitulación de San Salvador.  La toma de Guatemala la llevó a efecto Morazán 13 de abril de 1829 (Ver Historia de Nicaragua de José Dolores Gámez, Edición Cultural del Banco de América 1975, página 419)
     [3] La ciudad de David es territorio panameño desde 1903, en que la república de Panamá se independizó de Colombia. 

domingo, 22 de mayo de 2016

Valoración de la Historia de Nicaragua de José Dolores Gámez, 1889 Por Carlos Molina Argüello

Tomado de la Revista de temas Nicaragüense, No. 18 de octubre de 2009

Valoración de la Historia de Nicaragua de José Dolores Gámez, 1889
Por Carlos Molina Argüello
Este artículo es una transcripción de las páginas 117-120 de la obra de Carlos Molina Argüello titulada La Enseñanza de la Historia en Nicaragua, Publicación No. 165, México: Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1953. El poeta, novelista y doctor Fernando Silva, cuñado de Carlos Molina Argüello, autorizó la reproducción y publicación del artículo.
Comprende esta obra un solo volumen de 865 pp. (25.5 x 16 cms.) y abarca en forma completa la historia nacional "desde los tiempos prehistóricos hasta 1860, en sus relaciones con España, México y Centro América".
Fue premiada en el Concurso Histórico de Managua de 1888 y declarada de texto para los establecimientos nacionales de enseñanza de Nicaragua, por acuerdo gubernativo de 19 de marzo de 1889. Editada en Managua en ese mismo año, no ha sido más reeditada[i].
El tribunal examinador que calificó y premió la obra, compuesto por los señores R. Contreras, José Francisco Aguilar y Miguel Ramírez Goyena, dirigiéndose al Ministerio de Instrucción Pública en nota firmada en León el 18 de febrero de 1889, entre otras cosas expresó lo siguiente de ella: "En forma de notas hemos hecho constar todas las observaciones que han ocurrido, cuando la narración del autor no está de acuerdo con los datos orales o escritos que hemos podido adquirir. Si el autor no acepta esas observaciones —añadía— desea la Comisión que se incluyan en la obra impresa por vía de notas, porque la Comisión aparecería solidaria de opiniones y hechos que no juzga aceptables".
Gámez —quien como Ayón estaba sentando las bases de nuestra historiografía nacional, especialmente con obras generales o de texto—, dice que al redactarla tuvo necesariamente que incurrir en graves defectos a que le obligaron con el angustioso tiempo de que dispuso para llevarla a cabo y la falta casi absoluta de material bibliográfico sobre la materia, pues, como él mismo afirma, "tratándose de un país cuya historia moderna y contemporánea no se ha escrito aún, y en donde por añadidura se carece de bibliotecas y de obras de consulta", era humanamente imposible hacer más. El autor, quien tenía al comenzar su obra ya siete años en una tarea de acumulación de datos para escribir la Historia de Nicaragua, tuvo sin embargo que recurrir a los archivos centroamericanos, recorriendo los países de Costa Rica, El Salvador y Guatemala en busca de esos datos, y donde dice haberlos obtenido preciosos, los que luego aumentó considerablemente.
José Dolores Gámez —el más infatigable y fecundo historiógrafo que haya conocido el país hasta el presente, envuelto como vivió durante muchos años y desde los primeros de su juventud en la agitada vida de la política, del periodismo y como escritor inquieto y revolucionario, compaginando más tarde su labor científica con la absorbente vida del funcionario público eficiente y laborioso—, ha dejado sin embargo, entre muchas, esta su primera obra seria, valiosa en muchos aspectos y en la que imprimió una huella marcadamente tendenciosa que ha sido ruta seguida por muchos o casi todos los que en Nicaragua han continuado trabajando la materia histórica, con destino o no para la enseñanza. Pues su Historia de Nicaragua, ante la pobreza de fuentes originales en el país y de fuentes bibliográficas, ha sido, quizás más que la de Ayón, la obra obligada de consulta para todos los que se han ocupado de redactar obras de texto. Lo que podría llamarse "su escuela", pese a que su obra la han cubierto ya largos cincuenta años, aún pervive como influencia, aunque hoy día en escaso número de historiógrafos.
En su famosa obra el historiador deja claramente marcada su tendencia de poner la Historia al servicio de una idea preconcebida, pese a que él mismo, contradictoriamente, lo niegue.
La sinceridad con que el autor se expresa en la introducción de la obra que comentamos, deja claramente a la vista esa tendencia preconcebida de que se le ha venido acusando y su contradicción al rechazarla. Se muestra él no partidario, primeramente, de la escuela "descriptiva" de Francia, porque cree que la Historia no debe ser nunca una simple narración cronológica de los sucesos.
Tampoco acepta, después, la escuela "doctrinaria" de Mr. Guizot, porque dice igualmente no creer el que la Historia deba someterse a un sistema determinado y se forme con una idea preconcebida; pues dice que la Historia sigue sus caminos peculiares y que sobre ellos no tiene influencia retroactiva el observador histórico. El afirma y con énfasis la ley de la imparcialidad para el historiador; pero no cree que tal imparcialidad deba ser absoluta, lo cree imposible; y así dice que "cada época tiene que estudiar la Historia bajo el punto de vista que la preocupa esencialmente. El historiador nicaragüense del siglo XVII —dice ejemplarizando tendrá forzosamente que apreciar unos mismos hechos de muy distinta manera que el del siglo XIX". Y es aquí donde a nuestro modo de ver el historiador Gámez, se muestra más sincero, donde descubre abiertamente su médula de político. Con las ideas preconcebidas que antes rechaza para el historiador, con las ideas en boga del siglo en que escribe, se lanza a juzgar las épocas pasadas, pretendiendo, tal vez sin quererlo, tener "influencia retroactiva". "Yo debo declararlo con franqueza —añade a continuación—, no puedo ni podría nunca ocultar mis simpatías por el sistema republicano, por las luchas en favor de la independencia y libertad de los pueblos, por los progresos modernos y por las avanzadas ideas del liberalismo en todas sus manifestaciones. Mi estudio —concluye— aunque sin alterar en nada la veracidad de los hechos, ha sujetado sus observaciones a un criterio democrático liberal, que es el de la época actual de Nicaragua". En una palabra, Gámez hacía historia liberal y para los intereses del Liberalismo, y con esta idea preconcebida se dio el autor a una labor de negación de todos los valores esenciales del pasado hispánico o colonial, sistemáticamente; concibiendo la historia como una sucesión de épocas antagónicas y aisladas por las grandes revoluciones, con lo que negaba la unidad y continuidad de las generaciones en el tiempo, que es lo que constituye la tradición, esencia de la Historia y elemento fundamental de toda cultura.
Hemos dado importancia al comentario de esta obra, porque, como decíamos, su influencia ha sido grande sobre la historiografía didáctica posterior y por ende sobre la formación histórica de nuestra juventud, puesto que la obra en cuestión, sin ser una obra propiamente elemental y que al mismo tiempo concilia la reducción de las formas de una obra superior, sirvió por más de cuarenta años para llenar el vacío bibliográfico en nuestros centros educacionales, particularmente en los de enseñanza media. La superficialidad con que hoy día se realizan los estudios en el Bachillerato, con la prolijidad de materias que contiene, ha hecho que se vea en la obra de Gámez una obra harto voluminosa y por tanto de ningún uso didáctico. Atribuimos su abandono más a este hecho que a su contenido ideológico.
…………..

Foto del Historiador José Dolores Gámez abajo. 



[i] Actualmente hay varias otras ediciones, solamente al año siguiente, 1934 el Dr. Andrés Vega Bolaños, entonces Embajador de Nicaragua en España publicó una segunda edición: Historia de Nicaragua (2a ed.) Madrid, Escuela Profesional de Artes Gráficas, 1954: y el Banco de América en 1976 sacó una 3ª. Edición.  Managua, Colección Cultural Banco de América, 1975, que es una fotocopia de la 1ª edición de 1889.  Luego el Banco Nicaragüense que continuó publicando obras históricas después de 1979 publicó al menos una edición más

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viernes, 20 de mayo de 2016

Carta de José D. Gámez a José Santos Zelaya a la caída de este

  • Tomado de la Prensa del 6 de enero de 2003:  http://www.laprensa.com.ni/2003/01/06/nacionales/855940-histrica-carta-de-gmez-a-zelaya

  • Don José Dolores Gámez Guzmán fue uno de los principales ideólogos de la revolución liberal de 1893. Ocupó varios ministerios en los gobiernos del Gral. José Santos Zelaya López. Fue también diputado y diplomático, uno de los políticos más influyentes en su época. Viajó por muchos países, estuvo en el Archivo de Indias, en Sevilla, España. Autor de varios libros, se destaca su Historia de Nicaragua. Tuvo contradicciones con el Gral. Zelaya López y se separó del gobierno, después de muchos años de estrecha colaboración. Su carta fechada el propio día de la renuncia del Presidente, es un documento que debe servir de permanente reflexión a los políticos nicaragüenses. Sólo es cuestión de cambiar fechas y nombres. Ambos personajes están sepultados a pocos metros de distancia

Managua, 19 de Diciembre de 1909
Señor General don J. Santos Zelaya.
Presente
General Zelaya.

Está corrido el telón y quizá para siempre sobre su vida pública en Nicaragua. En este momento supremo para Ud. y cuando el vacío reina a su lado, séame permitido dirigirle la presente, no al hombre público que ya no existe para mí, sino al amigo personal de antigua data, al correligionario político que encaneció a su lado, al compañero de luchas y fatigas en el escenario político.

Al verlo caer como cae, créame Ud. que lo siento y lo deploro. Me encuentro en el mismo caso del 93 con mi amigo personal, el doctor Sacasa ya finado, a quien habría querido poder salvar cuando se hundía como Ud. atacado francamente por unos y mal sostenido y peor aconsejado por otros, pero de quien me alejaban mis deberes para con la Patria y mi Partido. La única diferencia es que a aquel lo ataqué, mientras a Ud. no; ni aún siquiera escribiendo una línea en su contra, porque siempre ha pesado en mi ánimo la consideración de que Ud. fue la obra de mi esfuerzo, pues yo le abrí brecha en nuestras filas y le empujé a un caudillaje cuando Ud. no pensaba en eso, y fui yo también el que en las revueltas del 93 le proclamó audazmente y le hizo aparecer en León como Presidente de la Junta de Gobierno; el que le levantó en hombros el 21 de junio con aquel famoso plan de Momotombo que le aseguraba el mando supremo, y el que le acompañó y sostuvo por varios años en los trances más difíciles de su tempestuosa administración, cuando todos lo creían perdido y lo desamparaban; Ud. perdone mi rudeza, no correspondió ni al partido, ni al amigo: al primero, porque al llegar al poder se divorció de todos los principios liberales que tantas veces y tan formalmente prometió y bajo cuyo compromiso ascendió; al segundo porque se dejó impresionar del trabajo de los enemigos interesados en dividirnos, y abrigó celos y se llenó de mala voluntad para quien sólo tuvo cariño desinteresado para Ud. No tome esto por un reproche, se lo ruego, pues soy incapaz de quererle mortificar, en esta hora de angustiosa inquietud.

He echado un velo sobre todo lo pasado y no puedo recordar ni recordaré nunca cosa suya que pueda lastimar y hacer que olvide la inteligencia que debo a nuestros antecedentes amistosos.
Le faltó a Ud. en el trance fatal de su agonía pública el cariño desinteresado y leal de quien fue su mejor amigo en todo terreno; pero debo decirle que si me separé, como lo creí de mi deber y desde muy antes que sospechara su derrumbamiento, jamás, por un sentimiento de consecuencia amistosa, fui conspirador ni quise escuchar a los revolucionarios, ni menos pactar alianza, no obstante que muchos de ellos eran mis amigos y reclamaban mi concurso en nombre de las necesidades de la Patria y del deber de sus hijos. La falta mía tendrá que haberla notado, por más que Ud. aturdido por la atmósfera de las alturas haya expresado otra cosa, pues vale y tendrá que valer mucho el afecto abnegado y la experiencia puestos al servicio permanente. Creo con todo, que aún sin ese mi cariñoso concurso usted no habría caído del modo como cae, si dos fatalidades no hubieren aparecido rodeándole desde hace dos años, en amistoso consorcio con Ud.

¿Deberé nombrárselas? Francamente no sé qué pensar. Válgame sin embargo, para hacerlo, la obligación que tengo de prestarle un servicio con el cual pueda Ud. apreciar lo que le sucede y explicarse por qué los que le rodearon y sostuvieron en un tiempo hasta la locura, se alejaron después de su lado precipitadamente y despreciando los halagos del poderoso. Sus amigos políticos, sus compañeros de lucha, créalo Ud., sólo retrocedieron cuando en lugar de los hombres del 11 de julio vieron a su lado el probonismo penitenciario. Quiso Ud. por una ceguedad que hasta hoy nadie se explica, celebrar su pascua, no con los viejos amigos del tiempo terrible que sólo pedían consecuencia política y buen cariño, sino con los fariseos de la ciudad santa, y de allí, que para acallar hasta las voces de justa protesta, tuviese Ud. necesidad de hacer reinar el orden en Varsovia con el auxilio del otro factor que no tengo para qué nombrar.

Vuelvo a suplicarle no lleve Ud. a mal mis revelaciones, pues tienen por objeto solamente el facilitarle la manera de ver claro en esta hora obscura y tempestuosa para Ud. Tal vez las encuentre inconvenientes y hasta severas, pero revístase de paciencia y sea indulgente con mi propósito, que no es el de proporcionarle disgustos. Sea lo que fuere, basta ya de asunto público y pasemos a la parte privada de esta mi carta.

Sale Ud. del país, se aleja quizá para siempre de Nicaragua y probablemente no nos volveremos a ver más porque somos viejos y no se haya largo el término de nuestra jornada. Acepte mis votos por la felicidad de su viaje y porque en extranjera playa pueda Ud. olvidar las decepciones y amargura de la vida pública.

Mi cariño personal no ha muerto, pasa sobre todo y le dirige su adiós amistoso.

José D. Gámez


jueves, 19 de mayo de 2016

El Canal anglo-japonés por José Dolores Gámez

El Canal anglo-japonés por Nicaragua
Por José D. Gámez

Tomado de: Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, TOMO III, No. 2, pp. 187-194, Tipografía LA PRENSA, MANAGUA, NICARAGUA—C. A., 1939.
Tomado a su vez de: "La Patria", León, 6 de Julio de 1916.


José Dolores Gámez Guzmán (*1851-+1918) Historiador, periodista y político nicaragüense: Sus padres fueron José Dolores Gámez Torres, pionero de la siembra de café en Nicaragua, y Leonor Guzmán Reyes (salvadoreña)**. De 1878 a 1893 editó el periódico “El Termómetro en la ciudad  de Rivas donde residía, Durante el Gobierno  del Dr. Adán Cárdenas (1883-1887) estuvo exiliado en Guatemala donde participó en el frustrado intento del Gral. Justo Rufino Barrios de unir a Centroamérica  por la fuerza en 1885. En 1888 escribe su famosa “Historia de Nicaragua: desde los tiempos prehistóricos hasta 1860, en sus relaciones con España, México y Centro-América”; escribiendo  además otros textos de historia entre los que se encuentran "Reminiscencias Históricas de la  tierra Centroamericana" e “Historia Moderna de Nicaragua; complemento a mi Historia de Nicaragua”.

Al subir el liberalismo al poder en 1893 acompañó al Gral. José Santos Zelaya (1893-1909) en los ministerios de Guerra, Fomento y Obras Públicas y Relaciones Exteriores e Instrucción Pública.  Al caer Zelaya marchó al exilio en El Salvador, regresando en 1918 poco antes de su muerte. 

El Canal anglo-japonés por Nicaragua
Por José D. Gámez

Mucho se ha hablado en estos últimos días de lo que motivó la intervención filibustera del Gobierno    de los Estados Unidos en los asuntos interiores de Nicaragua; no faltando quiénes la hayan atribuido  a las supuestas inteligencias secretas del presidente don José Santos Zelaya con el Gobierno  del Japón,  para la apertura da un canal marítimo interoceánico por la vía nicaragüense, en competencia  con el de Panamá, las cuales despertaron los celos del Gobierno  de Washington 1.

De acuerdo con esa  suposición, se publicó, hace algunos meses, en un diario de Managua, una especie de leyenda con pretensiones de crónica, que ha sido reproducida por varios otros periódicos de la América Central.  Hay que agregar, sin embargo, en honor de la verdad, qua aquella producción, firmada con el seudónimo Sherlock Holmes, es muy ingeniosa, tiene bastante sal y pimienta y estereotipa, con mano maestra,  los personajes que presenta en acción y las interioridades del palacio presidencial de Managua en  la fecha de los sucesos que refiere.

La leyenda en cuestión, verdadero juguete literario de buen gusto, es, como llevamos dicho, ingeniosa  y divertida, y se asemeja en su estilo a las muy conocidas anécdotas de Sherlock Holmes inglés,1  que corren de mano en mano desde hace algunos años; pero como esa leyenda, con todo su gracejo  puede, con el tiempo, formar tradición y oscurecer la verdad histórica sobre sucesos que interesan a la historia de los países centroamericanos, vamos a rectificarla, diciendo lo que realmente hubo acerca  de ese asunto tan llevado y traído.

Antecedentes

En el año de 1894 era Ministro de Fomento y Obras Públicas, en el gabinete del Presidente Zelaya,  el autor de estas líneas.   Uno de los asuntos que más preocupaban en aquel entonces al Gobierno  de Nicaragua, era la apertura del canal interoceánico a través del istmo nicaragüense, cuya concesión tenía dada, desde hacía  más de quince años, a una compañía americana, representada por el ingeniero americano don Aniceto  G. Menocal 2.

 Esta compañía, que tomó el nombre de Compañía Concesionaria del Canal Interoceánico, formó en seguida otra, compuesta de sus propios miembros, que llamó Compañía Constructora del Canal de Nicaragua, y a la cual encargó de hacer la obra en el tiempo  estipulado en el contrato con el Gobierno y de procurarse fondos con la venta de acciones en diferentes  mercados.

La compañía constructora quedaba obligada, por el traspaso de la concesión, a comenzar los trabajos  de la obra del canal en determinada fecha, y también a tener invertidos en ellos, después de un año  de comenzados, un millón de dólares por lo menos. Para llenar esta segunda condición, cuando el  plazo se acercaba, hizo no sabemos qué arreglos con la quebrada empresa del canal francés por Panamá,  en virtud de los cuales pasaron a San Juan del Norte muchos materiales útiles: herramientas  de trabajo, dragas, locomotoras y máquinas complementarias, todo de segunda mano y a precio de  quema; aforándolo también todo, a la inspección del Gobierno  de Nicaragua, corno artículos nuevos,  de superior calidad. Después, no habiendo encontrado colocación para las acciones puestas a la venta  en los mercados extranjeros, o sea, careciendo de recursos, la empresa americana del Canal por  Nicaragua entró en un periodo de decadencia que llegó a su colmo en 1894. 3

Mientras tanto, el Ministro  diplomático de Nicaragua, residente en Washington, que ocupaba también  asiento en la Junta de Directores de la Compañía Concesionaria del Canal, radicada en Nueva  York, trabajaba a su vez prestándole toda clase de ayuda, de acuerdo con las instrucciones que por  cada correo le llegaban de la Secretaría de Fomento de Nicaragua, encargada exclusivamente de  aquel negociado. Era Ministro  de Nicaragua, residente en Washington, el doctor don Horacio Guzmán 4.  

El doctor Guzmán, condiscípulo y amigo desde la infancia del Ministro de Fomento nicaragüense, se  valía preferentemente de su mediación, para mejor entenderse con el Presidente Zelaya, sin la concurrencia  de los demás miembros del gabinete de Managua.

Durante el año de 1895 escribió Guzmán, confidencialmente, participando que creía perdida en absoluto  toda esperanza de canal por Nicaragua, porque la Compañía Constructora se había presentado  en quiebra, y la Concesionaria escapaba de ser concursada, alegando que era ella una entidad jurídica,  enteramente distinta, y además, acreedora de la constructora, con la cual nada tenía de común:  que con esa argucia había logrado recobrar su concesión; pero que creía muy conveniente a los intereses  de Nicaragua que el Gobierno notificara al agente de dicha compañía, en Managua, la caducidad de la concesión, por falta de cumplimiento a ciertas obligaciones importantes, entre ellas, la de la apertura previa del canal del río Tipitapa, destinado a unir los dos grandes lagos del interior, el cual no había aún comenzado, y cuyo costo se estimaba en cuatrocientos mil dólares.

Al mismo tiempo, y dando como un hecho la terminación del contrato con Menocal, el Ministro  Guzmán sometía a la consideración del Ministro de Fomento, siempre con carácter muy confidencial, la conveniencia de pulsar reservadamente al embajador del Japón en Washington, para averiguar  par su medio si su Gobierno , por sí o por una compañía ad hoc, quería tomar a su cargo aquella obra tan importante.

Se procedió de conformidad con lo que indicaba el Ministro  Guzmán, en lo referente a declarar la caducidad de la concesión otorgada a Menocal; pero en lo tocante a la negociación con el embajador del Japón, no estuvo de acuerdo el Gobierno  de Nicaragua, por considerarla demasiado grave y delicada,  como que ni el presidente Zelaya, cuya indiscreción era proverbial, platicó con nadie del asunto.

Se le escribió así al Ministro Guzmán, y se le llamó la atención sobre las malas consecuencias que podía cosechar Nicaragua si los Estados Unidos sospechaban algo de toda aquella intriga, la cual, por otra parte, no representaba más que una esperanza, tal vez infundada. Se le recomendó, sin embargo, aunque encareciéndole tacto y discreción, que estrechase más sus relaciones de amistad con el  embajador del Japón y que, cuando éstas hubiesen llegado a cierto grado de confianza, le platicara  del asunto como cosa exclusivamente suya y refiriéndose a rumores que hablan llegado vagamente a  sus oídos, sin avanzar más, en caso de buen éxito, sino hasta consultar y recibir instrucciones nuevas.

            Dos meses después informaba el Ministro Guzmán haber procedido con entero arreglo a las instrucciones  recibidas y que el embajador japonés, después de haber mostrado mucho entusiasmo por  un canal japonés por Nicaragua, había consultado confidencialmente con su Gobierno  y quedaba esperando instrucciones.

 Pasados algunos meses más, sin que en Nicaragua ni en los Estados Unidos  hubiese nadie sospechado cosa alguna de aquel trabajo el embajador del Japón informó al Ministro  Guzmán, que su Gobierno  se excusaba por entonces de pensar en el negocio del canal por Nicaragua, por encontrarse a la sazón metido en otros asuntos que le preocupaban.

El incidente relacionado, del cual tuvo oportuno conocimiento el Presidente Zelaya, quedó terminado de absoluto,  con tanto más motivo cuanto que el Gobierno  americano apareció en seguirla gestionando ante el de Nicaragua, para que se le concediere hacer por su cuenta la apertura del Canal.

Años más tarde, el Ministro americano Mr. Merry 5 , suscribía en Managua un contrato con el representante  del Gobierno  de Nicaragua, por el cual obtenía, a nombre del de los Estados Unidos, el privilegio  exclusivo para la apertura y explotación de un canal interoceánico a través del territorio nicaragüense,  mediante cierta remuneración pecuniaria, aunque sin concederle soberanía sobre la faja del  territorio que ocupase. Como esto último era justamente contrario a las instrucciones recibidas por  Mr. Merry, pues exigían el traspaso de soberanía nacional, el Secretario de Estado americano negó su  aprobación al convenio y no hubo más gestiones.

Suena lo del Japón

Antes del último incidente relacionado, durante la corta existencia de la República Mayor de Centroamérica,  allá por el año de 1898, la prensa americana denunció con mucho escándalo una tentativa,  de parte del Ministro de la República mencionada para entenderse con el Gobierno  del Japón, o  sea con su embajador en Washington, acerca de una concesión de canal por el istmo de Nicaragua.  Aquello no era cierto, y pudo tal vez haber sido una vaga resonancia de las antiguas pláticas confidenciales  del Ministro Guzmán, que llegaban confusamente y con mucho retardo a la prensa novelera  de los Estados Unidos. El asunto, sin embargo, metió ruido por algunos días; pero corno nada pudo concretarse, ni descubrirse, perdió su importancia, y poco después durmió el sueño del olvido.

Vuelve a tratarse del canal

A raíz de la celebración del Tratado de Paz de Amapala de 1907 6 , entre los Gobiernos de Nicaragua y  el Salvador, hubo necesidad, por parte del primero, de enviar a México una legación diplomática a  cargo del doctor don Fernando Sánchez 7 . Este, después de haber llenado el objeto de su misión, escribió  confidencialmente al presidente Zelaya avisándole que tenía noticia cierta de que los Gobiernos  de la Gran Bretaña y el Japón pensaban seriamente en tomar a su cargo la empresa de abrir un canal  interoceánico a través del istmo de Nicaragua, que fuera para uso común del comercio universal: que  estimaba aquella como una felicidad para el progreso nacional, y que, si le parecía bien y se le autorizaba  en forma, podría pasar a Washington a tratar del asunto con los embajadores inglés y del Japón.

Era en aquella época Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de Nicaragua el antiguo Ministro  de Fomento de 1894, y fue con él con quien discutió reservadamente el presidente Zelaya la consulta  del Ministro Sánchez, encontrando que estaban conformes en creer que aquel asunto podía  traer conflictos al país de parte del Gobierno  de los Estados Unidos, sin perjuicio de que sería imposible llevar a cabo la negociación, desde el momento en que fuese barruntada en Washington.

Se resolvió,  en consecuencia, contestar al Ministro Sánchez, haciéndole presente la conveniencia de no  tratar por entonces nada del canal, y de ordenar por la Secretaría de Relaciones al Ministro de Nicaragua en Francia e Inglaterra, don Crisanto Medina,8  que pasara en seguida a Londres y procurase relaciones de personal amistad, en tanto cuanto le fuese posible, con el lord Canciller y el embajador del  Japón en aquella Corte, y que una vez logrado esto, se les insinuase con habilidad hasta averiguar  cuánto tenían de cierto los informes que había recibido el Ministro  Sánchez acerca del proyectado canal anglo-japonés; pero todo como una cosa exclusivamente personal, sin referencia alguna al Gobierno   de Nicaragua y basándolo en vagos rumores que había recogido en París.

 Así lo hizo el señor  Medina, trasladándose a Londres por algunas semanas, mientras cumplía con las instrucciones recibidas.  Resultado que se obtuvo: Desde su llegada a Londres, el Ministro Medina, se acercó con frecuencia a las personas que le habían  sido recomendadas, y con más especialidad al embajador del Japón.  Un día que almorzaba con  éste, y en que el champán mantenía de buen humor a los dos amigos y provocaba a la expansión,  aprovechó la oportunidad el diplomático nicaragüense, para llevar la conversación a los rumores que  había oído en Paris acerca de los proyectos anglo-japoneses de abrir un canal interoceánico por Nicaragua, para servicio de todas las naciones; rumores que, agregó, le agradaría saber si tenían algún  fundamento, pues como representante de aquel país, se interesaba por todo cuanto con él se relacionaba.

El embajador del Japón, hasta entonces jovial y expansivo, cambió súbitamente y, sin poder ocultar su alarma. dijo al señor Medina que tales rumores eran absurdos, pues el Gobierno  del Japón tenía en ese momentos el mayor interés en hacerse grato a los Estados Unidos y merecer su confianza, porque necesitaba de su amistad para la resolución de algunos asuntos de más importancia para su patria, y que, por lo mismo, no podía pensar siquiera en empresas que no fueran de su agrado y con su acuerdo previo: que la apertura de un canal por Nicaragua seria siempre una competencia para el canal de Panamá, en la cual no podría tomar parte nunca el Gobierno  japonés. El Ministro Medina procuró calmar la nerviosidad de su imperial colega y de borrarle la mala impresión, asegurándole que su pregunta habla sido una mera oficiosidad suya enteramente desautorizada; y mudó de conversación.

Con el lord Canciller inglés no fue más afortunado el Ministro Medina.  Aleccionado por la experiencia  reciente, fue más cauto, y se valió de más rodeos para tratar del asunte, pero el Canciller fue franco  y terminante en declararle, como el embajador japonés: que los rumores que le refería los consideraba absurdos, porque Inglaterra, aliada a los Estados Unidos por vínculos de sangre, procuraba  siempre la mejor armonía con ellos y les había dejado, en absoluto todos los asuntos que se relacionaran  con los intereses del Nuevo Continente: que en esa virtud no haría cosa que no fuese de su  agrado, especialmente en asuntos de canal, en que tan interesado estaba el Gobierno  americano.

Todo aquello no tenía en si mayor importancia; pero la suspicacia japonesa fue más allá y quiso ver en la conversación amistosa y enteramente particular del Ministro Medina, el deseo del Gobierno  de Nicaragua de tratar con el Gobierno  del Japón la apertura del canal.  Así lo comunicó a su Gobierno  el embajador en Londres, y parece que de Tokio se dijo algo en ese sentido a la embajada en Washington, para que lo hiciese valer en ocasión oportuna.

Tres años después, en 1910, Mr. Philander Knox,9 el conocido "Enano del Capitolio" buscaba pretextos con que intervenir en Nicaragua y desarrollar más grandes combinaciones de la Diplomacia del Dólar que, como es bien sabido, tenían por objeto el saqueo de un pueblo débil. Fue entonces cuando  principió a rumorarse lo del canal anglo-japonés, y aun se dice que se valió de ello Mr. Knox, para  arrastrar al gabinete de Washington hacia su tortuosa política de cínicos atropellos a la independencia y soberanía de un pueblo hermano, cuya debilidad le aseguraba de quedar impune y del  éxito que obtuvo.


San Salvador, 11 de agosto de 1913.
Jose D. Gámez.
(De "La Patria", León, 6 de Julio de 1916).

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 *Las notas fueron puestas por el autor y por Mario H. Castellón, biznieto del anterior.
**(Nota de M.H.C: Doña Leonor Guzmán Reyes, era nicaragüense nacida en Granada, hija del que fuera posteriormente del salvadoreño y futuro Presidente de su País de 1842 a 1844, Juan José Guzmán, apodado Pico de Oro por su elocuencia).

1 Zelaya was regarded with suspicion abroad. His imperialistic ambitions in Central America, as well as his vocal rebukes  of United States intervention and influence in Central America, won him little support. Zelaya's nationalist anti-United States stance drove him to call upon the Germans and Japanese to compete with the United States for rights to a canal  route.  (Zelaya era considerado con cautela en el extranjero. Sus ambiciones imperialistas en Centro América, así como sus denuncias de las intervenciones y de la influencia de los Estados Unidos en Centro América le restaron mucho apoyo. La posición nacionalista y anti-norteamericana de Zelaya lo llevaron a invitar a los alemanes y japoneses a competir  con los Estados Unidos por los derechos a construir un canal) [Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos: “A  Country Study: Nicaragua”, lcweb2.loc.gov/frd/cs/nitoc.html]  Ver también: Karl Bermann, “Under the Big Stick: Nicaragua and the United States since 1848”, p. 137, Boston, 1986  47

2 Aniceto García Menocal (*1832-+1908). Cubano de origen, tío carnal del Presidente de Cuba Mario García Menocal. Se graduó de Ingenierio Civil en los Estados (Instituto Politécnico de Rensseleer, en Troy, New York). Fue ingeniero de  la Marina de Guerra de los Estados Unidos, consultor del Departamento de Marina de ese país y jefe del “Navy Yard”  de la Marina de Guerra norteamericana en la ciudad de Washington. En 1872, 1875 y 1885 participó en expediciones de  exploración para determinar la factibilidad de construir un canal interoceánico por Nicaragua bajo el auspicio de la Marina de Guerra de los Estados Unidos. En 1880 consiguió una primera concesión para construir un canal por Nicaragua la cual estuvo vigente hasta 1884. En 1887 consiguió Menocal una nueva concesión para la construcción del canal adquiriendo para ello equipos usados por la compañía de de Lesseps en Panamá incluyendo seis dragas que todavía pueden  verse en estado de total deterioro sobre el río San Juan. Este esfuerzo fracasó en 1890 porque la Compañía formada al efecto no pudo conseguir suficiente financiamiento, ni el apoyo del Gobierno  de los Estados Unidos.

3 Tanto el Presidente Zelaya como su mencionado Ministro de Fomento, se mostraban partidarios  acérrimos de la obra del canal nicaragüense, y estaban dispuestos a hacer por ella cuanto les fuese  posible, con entera prescindencia de cuestiones políticas, de personas y lugares.  Ver: The New York Times: “Nicaragua Canal”, February 7, 1892. Los enemigos de la Compañía- Concesionaria (porque los tenía muy poderosos en los Estados Unidos),  trabajaban, mientras tanto, en contra de la idea del canal por Nicaragua, demostrando la imposibilidad  en que se hallaba la Compañía Constructora para llenar sus compromisos y el descrédito en  que habla caído. Aseguraban, además, que mientras existiera la concesión a Menocal, la obra no podría  realizarse por otras compañías poderosas que estaban listas, ni aun por el propio Gobierno  de los  Estados Unidos que se mostraba deseoso de ser el empresario.

4 Personaje  inteligentísimo, sagaz y muy interesado en la apertura del canal, que consideraba como la mayor felicidad  para Centroamérica en general, y para Nicaragua en especial.  Horacio Guzmán Selva (1848-1901). Hijo del presidente Fernando Guzmán (1867-1871) y doña Fernanda Selva Estrada;  nieto del Jefe de Estado don Silvestre Selva (1844). Se graduó de medicina en la Universidad de Pensilvania, ejerciendo  por un tiempo en Nicaragua donde también se dedicó al periodismo. Fue nombrado Ministro de Nicaragua ante el  Gobierno  de los Estados Unidos por el Presidente Evaristo Carazo (1887-1889) en 1887, tocándole negociar el asunto de  límites con Costa Rica en el arbitraje ante el Presidente Grover Cleveland. Ocupó ese cargo hasta 1897 ya en tiempos del Gral. Zelaya. En 1901 fue Secretario de la Unión Panamericana en Washington, ciudad donde murió en 1901. Fue hermano, del periodista escritor y político Enrique Guzmán Selva.

5 William L. Merry (1842-1911), fue presidente de la Cámara de Comercio de San Francisco, California. En 1892 fungía como Agente en los Estados Unidos de la Compañía Constructora del Canal de Nicaragua de Aniceto G. Menocal.  Fue  nombrado en 1897 Ministro de los Estados Unidos ante los Gobiernos de Costa Rica, El Salvador y Nicaragua, posición  que ocupó hasta 1907 en El Salvador, 1908 en Nicaragua y hasta poco antes de su muerte en 1911 en Costa Rica. Considerado  como de opinión favorable hacia el Gral. Zelaya.

6 Como una consecuencia de la guerra con Honduras de 1894, se realizó un ensayo unionista a través del “Tratado de Amapala” suscrito el 20 de junio de 1895 entre los presidentes de El Salvador, Rafael Gutiérrez, Honduras, Policarpo Bonilla, y Nicaragua, José Santos Zelaya, que resultó en lo que se llamó la República Mayor de Centro América. Este fue un tímido intento por lograr la unión de Centro América, que no contó con el apoyo de Costa Rica y Guatemala. La  República Mayor de Centro América fue de corta duración; se disolvió en noviembre de 1898 al ser derrocado el Gral.  Gutiérrez de la presidencia de El Salvador Ver: a) Ramón Ignacio Matus: “Revoluciones contra Zelaya, 1893-1899”, Revista Conservadora, Nºs 19 al 21 (Separata),  p. 7, Managua, 1962. b) Aldo Díaz Lacayo: “Gobernantes de Nicaragua, (1821-1956)”, p. 101, Aldilá Editor, Managua,  1996. c) Enrique Belli Cortés: “50 Años de Vida Republicana, 1859-1909”, pp. 263-270, 285-289; Managua, 1998. d)  The New York Times: “Affairs in Nicaragua”, November 2, 1897.

7 Fernando Sánchez Reyes (*1848-+1926). Nacido en Jinotepe, estudio Derecho en la Universidad de León y en la Universidad  de San Salvador. Salió al exilio en 1869 tras participar en la revolución de los generales Máximo Jerez y Tomás  Martínez contra el presidente Fernando Guzmán. Participó también con Jerez en La Falange de 1876 contra el Gobierno  de don Pedro Joaquín Chamorro(1875-1879).  Fue Ministro en el Gobierno del Dr. Roberto Sacasa (1889-1893) y luego también lo fue de Relaciones e Instrucción Pública de diciembre de 1899 a junio de 1903 en el Gobierno del Gral. Zelaya.  De 1903 a 1909 fue miembro del Congreso del cual fue Presidente. Participó en varias misiones diplomáticas a Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, México y Venezuela. Al caer Zelaya se retiró a León a atender sus cuantiosos intereses económicos.

8 Crisanto Medina Salazar (*1839-+1911). Nació en Chinandega el 17 de marzo de 1839 y murió en París el 7 de diciembre  de 1811. Fue Ministro de Nicaragua ante Francia, Gran Bretaña y España. También representó a otros países de  Centroamérica. Fue el representante de Nicaragua ante el Rey Alfonso XIII de España en el proceso arbitral de límites frente a Honduras e intervino también a favor de Nicaragua ante el presidente de Francia Emile Loubet en el proceso  arbitral de límites entre Costa Rica y Colombia. Entre sus escritos sobre temas nicaragüenses se cuentan “Nicaragua en 1900” y “El Canal de Nicaragua y el porvenir de Centroamérica”.

9 Philander Knox (*1853-+1921). Nacio en Brownsville, Pensilvania. Estudio Derecho en Mount Union College graduándose de abogado en 1872. Ingresó a la Barra en 1875 y tuvo una brillante carrera hasta alcanzar la presidencia de la  Asociación de Abogados de Pensilvania. Knox fue abogado de importantes conglomerados industriales y financieros de los  Estados Unidos como Carnegie y Morgan, Procurador General de los Estados Unidos de 1901 a 1904, y senador por  Pensilvania de 1904 a 1909 y de nuevo de 1917 a 1921. Fue Secretario de Estado (1909-1913) del presidente William  Howard Taft. Desde que asumió la nueva administración de Taft y su Secretario de Estado Knox, adoptó un enfoque más agresivo hacia el Gobierno  de Nicaragua, aduciendo que Zelaya tenía un efecto desestabilizador en la región centroamericana que culminó con la caída de este como efecto de la nota Knox.